NECESIDAD DE UNA FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN
Hildebrando Luque Freire, MSc
Exprofesor de las Universidades
San Marcos, Cayetano Heredia e Ingeniería - Perú
En el trabajo escolar diario se suelen tomar
decisiones de diversas categorías y en diferentes niveles que no necesariamente
resultan del intento de educar hacia metas deliberadas, explícitas y de
conocimiento público. Ningún padre o educador sabio desea que el currículo
escolar se decida por factores aleatorios que hagan poco eficiente la formación
de niños y adolescentes.
Un currículo consciente, ampliamente
discutido y razonablemente decidido es el único camino para garantizar que los
aprendizajes sin fines, inútiles e indeseables no desperdicien el tiempo y la
energía de estudiantes y profesores, y los recursos institucionales
especialmente el económico. El problema se establece entonces en relación a las
decisiones curriculares versus la variedad de concepciones educativas. Los
puntos de vista alternativos sobre las metas y los objetivos del currículo
presentan un problema intelectual y humano complejo.
¿Cómo podemos establecer qué concepción es
mejor o la mejor? No hay respuesta a esta pregunta excepto si uno está
persuadido por un conjunto de valores básicos o creencias. En consecuencia, la
institución educativa nacional como tal debe adoptar ciertas metas y objetivos
para su estructura curricular y justificarlas en referencia a un conjunto
explícito de postulados que constituyen su filosofía.
Revelar una filosofía escolar es permitir la
crítica. Esto siempre es deseable, aún si ello significa la revisión constante
de metas y objetivos. Desde la perspectiva del educador, las metas y objetivos
elegidos deben poderse defender con argumentos razonables. No hay nada más
necesario en educación que personas que conozcan lo que creen, que puedan dar
los mejores argumentos, que sustenten sus creencias y que puedan establecer
deliberadamente metas y objetivos de un currículo escolar fundado en una
filosofía. Probablemente toma años aprender a hacer esto coherentemente, pero
no hay mejor momento que el presente para empezar a pensarlo y a hacerlo.
Cuando se haya hecho elecciones explícitas
acerca de la filosofía, las metas y los objetivos, entonces las elecciones
restantes sobre qué y cómo debe enseñarse son más fáciles de decidir dentro del
sistema de ideas establecido. Ideas y no sólo técnicas son los instrumentos
esenciales del educador en todos los niveles.
La filosofía de la educación, a diferencia de
la teoría general de la educación, pretende una comprensión de los fundamentos
y una crítica del hecho educativo desde sus presupuestos antropológicos. Tarea
no fácil, pero tarea posiblemente gratificante y necesaria. Por ello, la
filosofía de la educación puede considerarse como el saber teleológico de la
educación. Importa el fin de la educación, el estudio de la persona y la propia
acción educativa, pero contempladas desde la perspectiva de la finalidad: para
qué se educa.
La filosofía de la educación reflexiona sobre
la naturaleza, esencia y valores de la educación del ser humano que es
simultáneamente biológico, psíquico y social. Siendo que toda teoría filosófica
conduce a una actitud e intenta explicar unitariamente la realidad, de ello se
deriva la importancia de la filosofía para la educación. Si ésta pretende
formar al hombre en su integridad, qué más que la filosofía puede darle una
idea de esa integridad. La sociedad y los educadores en particular no pueden
emprender su misión, si antes no tienen claridad meridiana de las metas a las
que deben llegar y un esbozo del camino que se debe seguir; es decir una imagen
del hombre a formar.
En estos momentos de la sociedad mundial, la
filosofía de la educación no puede ignorar el perfeccionamiento y expansión de
los medios de información y comunicación masiva, el avance de las ciencias y la
tecnología, y la creciente movilidad geográfica, que determinan la cantidad y
variedad de información que se produce en la sociedad peruana y a nivel mundial
sobrepasan la capacidad del ciudadano para procesar dicha información. Esta
situación plantea a la filosofía de la educación y a la pedagogía nuevos retos,
no sólo con la supervivencia del hombre sino también con la conservación de su
autodeterminación y el ejercicio de su corresponsabilidad social dentro del
complejo de sistemas burocráticos en los cuales está inmerso. De igual manera,
los retos que significan desarrollar la capacidad de diferenciar los valores
auténticos de los pseudo valores y que la sobreoferta de información afecte
negativamente el desarrollo cognitivo y afectivo equilibrado del hombre, nos
conducen a intentar establecer cómo enfrentar la situación relacionada con la
dependencia progresiva del hombre respecto de los sistemas informativos que lo
pudieran convertir en presa fácil de la manipulación.
Es sabido que los sistemas educativos en
general, se caracterizan por su resistencia a cualquier innovación que promueva
un cambio importante en el mismo. No constituyen una excepción las nuevas
tecnologías a cuyo avance en todas las áreas de nuestra sociedad estamos
asistiendo. La microelectrónica viene revolucionando desde los sistemas de
comunicación e información hasta los de producción, pero en menor medida aún la
educación. A la cabeza de las nuevas tecnologías está la informática la cual
está dejando de ser un fin en ella misma para convertirse en una potente
herramienta en toda actividad humana, lo que obliga a que cualquier persona se
convierta en usuario de algún tipo de instrumento tecnológico o paquete lógico.
El impacto social de estas tecnologías tiene reflejo en la enseñanza, principal
instrumento de transmisión y generación cultural en nuestra civilización.
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